top of page

Del campo a tu piel: lo que no te he contado

hace 19 horas
4 min de lectura

Son las seis de la mañana y el cielo se pinta de lila sobre el campo. Entre surcos de xempasúchitl que me llegan al hombro, cargo una caja llena de flores recién cortadas; el frío se desvaneció hace una hora. Huele a tierra mojada y a ese aroma intenso —floral, especiado, casi resinoso— que en México conocemos desde niñas: el olor de las ofrendas.


Unos 900 kg de flor viajan a nuestro laboratorio, y yo con ellos: ojos desvelados, rojos y sin peinar. En unas semanas serán flor seca, hidrolato, tintura, oleato o una crema que alguien se pondrá en las manos al otro lado del país y del mundo.

Hoy quiero contarte todo lo que pasa entre este campo y tu piel, porque detrás de cada frasco hay una decisión que tomamos hace 11 años y que seguimos tomando todos los días.



Rescatar lo que es nuestro


Durante décadas, la cosmética de lujo nos enseñó a mirar hacia afuera: rosas de Bulgaria, lavanda de Provenza, aceites de lugares lejanos. Mientras tanto, el xempasúchitl se quedaba en la ofrenda, el toronjil en el té de la abuela y el yautli en la orilla del camino.


Nosotras decidimos mirar hacia adentro. Desde hace 11 años investigamos las plantas mexicanas con método científico: qué compuestos tienen, cómo extraerlos sin perderlos y qué dice la evidencia sobre lo que hacen en la piel. Cada hallazgo nos acerca a lo mismo: devolverles el valor que siempre tuvieron.


Todo ese trabajo lo hemos financiado con nuestra propia empresa. Cada crema, cada insumo y cada curso que vendemos paga la siguiente investigación.


Eso nos da libertad: estudiamos lo que creemos importante, no lo que le conviene a un patrocinador. Y nos permite decirte la verdad, aunque a veces la verdad sea "esto todavía no está probado".


Cuando compras con nosotras, no solo te llevas un producto. Financias la ciencia que está rescatando las plantas de México.


Las manos que siembran


Ninguna flor llega sola a nuestro laboratorio. Antes pasó por las manos de alguien que preparó la tierra, sembró, regó y cortó a mano, flor por flor, en el momento exacto.


En México, quien trabaja el campo muchas veces gana tan poco que sus hijos terminan yéndose a la ciudad o al otro lado de la frontera. Y cuando el campo se queda sin gente, también se pierde el conocimiento: cuándo sembrar, cómo cuidar la planta, qué variedad aguanta la sequía.


Por eso pagamos de forma justa a quienes cultivan con nosotros. No regateamos el trabajo de la tierra, porque sin ese trabajo no existe nada de lo que hacemos.


Queremos que sembrar xempasúchitl, toronjil o yautli sea un oficio digno, del que se pueda vivir y que valga la pena heredar.


Cada frasco que sale de nuestro laboratorio lleva también esa decisión: que el campo mexicano siga teniendo campesinos.



Cultivar sin envenenar


Cultivamos de forma orgánica: sin agroquímicos tóxicos para ti ni para el ambiente. No es una moda ni una etiqueta bonita. Es la única forma de producción que tiene sentido si lo que vas a hacer termina sobre la piel de alguien.


Esa decisión protege cuatro personas a la vez:

1

La tierra

Sin venenos, el suelo sigue vivo, el agua sigue limpia y los polinizadores siguen llegando.

2

Quien cultiva

Sin pesticidas, los agricultores no respiran ni tocan sustancias que dañan su salud día tras día.

3

Tú

Lo que no se aplica al campo no termina en tu crema, en tu organismo ni fregando tu salud.

4

El producto

Una planta que crece en un suelo sano y se cosecha en su punto concentra mejor sus compuestos activos. Luego la secamos a la sombra, lejos del sol directo, para que esos compuestos lleguen intactos al laboratorio.


Así cerramos un círculo: la calidad que buscas en un cosmético empieza en cómo se trató la tierra donde nació.



Del campo al laboratorio: biotecnología con alma mexicana


Cuando las plantas llegan al laboratorio, empieza la otra mitad de la historia. Aquí la planta se transforma, y cada transformación se elige según los compuestos que queremos rescatar:


Destilación por arrastre de vapor.



El vapor recorre las flores y se lleva su aroma y sus compuestos volátiles. Así nacen nuestros hidrolatos y aceites esenciales.


Tinturas.




Extraemos con alcohol los compuestos que se disuelven en él, como los flavonoides antioxidantes.



Flores secas.



Las cuidamos y seleccionamos con detalle para que puedas prepararte una infusión, un extracto y hasta una comida.



De esos procesos salen dos cosas:


  1. Insumos de lujo: hidrolatos, aceites esenciales, planta seca, tinturas y extractos puros para que otras formuladoras creen sus propios productos.

  2. Cosmética terminada: cremas, tónicos, bálsamos… formulados con la misma ciencia que estudiamos.





Lujo, para nosotras, no significa empaques dorados ni comerciales hechos por famosos. Significa saber de qué tierra vino cada flor, quién la cortó, cómo se extrajo y por qué está en tu frasco.

Ahora, esta historia puede seguir contigo


Cada planta que cortamos al amanecer puede terminar en tus manos. Tú eliges cómo:


  • Si te gusta formular: nuestros insumos son los mismos que usamos en el laboratorio. Hidrolatos, aceites esenciales, tinturas, plantas secas y extractos de plantas mexicanas, con la trazabilidad que acabas de leer.


  • Si quieres emprender y aprender: en nuestro curso Fitocosmética Básica te enseñamos a formular productos eficaces, seguros y profesionales desde cero, con ciencia y con las plantas de aquí





Si prefieres disfrutarlo ya hecho: nuestros productos están listos para tu rutina, como el Kit facial "DEL CAMPO" con hierba limón.






Cada compra sostiene una cadena completa: la investigación que rescata nuestras plantas, el pago justo a quienes las siembran y una tierra que sigue viva. Gracias por ser parte de ella.

¿Tienes dudas sobre qué elegir? Escríbenos por WhatsApp y te ayudamos a encontrar lo tuyo.


Cosmética científica, consciente, hecha con amor.


bottom of page